lunes, 2 de octubre de 2017

Pliegues

Les voy a contar una historia. Una que tal vez los vaya a maravillar, o tal vez no. Pero es así como debe ser contada.

La luz que se filtraba entre las grietas no la dejaba ver mucho, pero sí lo suficiente para mantenerla cuerda. El mundo que la rodeaba era plano, los que allí vivían se amontonaban unos sobre otros, pero a nadie parecía incomodarle. Unos estaban llenos de polvo por la falta de movimiento y el pasar del tiempo. La mayoría permanecían ocultos en los rincones, pero otros pocos, que eran los que más le gustaban, eran dorados y plateados que permanecían justo en el centro y a veces resplandecían cuando la luz los alcanzaba. Cuando esto sucedía no podía dejar de maravillarse a pesar del horror que esto significaba.

Jamás habían cuestionado el propósito por el que se encontraban allí, pero a medida que los gritos de terror se hacían más fuertes cuando alguno de ellos era seleccionado, comenzó a generar miedo, pero ninguno decía nada. A fin de cuentas, nadie podía hacer algo para cambiarlo.

En su mundo no existían los espejos o algo que la dejara saber cómo era, solo podía verse a ratos a través de los demás y de cómo la observaban. Antes la carcomía el desconcierto hasta la locura por lo que le producía no saber quién era o cómo lucía. A decir verdad, si lo pensaba detalladamente nunca supo cómo nació o cómo llegó hasta ese mundo de sombras. Ni siquiera recordaba cuándo se volvió consciente de sí misma o de lo que le rodeaba y a decir verdad, con el pasar del tiempo dejó de preguntárselo. Según ella, todos iban a morir y a nadie parecía importarle ¿Por qué a ella sí?

Los gritos aumentaban conforme pasaban las semanas y así mismo lo hizo su pánico. Quería quedarse escondida en su pequeño mundo oscuro, rodeada por el Status Quo y maravillándose de vez en cuando por los colores que la luz que entraba todos los días a la misma hora la dejaba ver aunque eso la llevara cada vez más un paso más cerca de la muerte.

Un día, aquello que los seleccionaba y los llevaba a lo desconocido, dejó que la luz entrara un poco más de lo habitual y al alzar la vista pudo vislumbrar millón de cosas terribles que únicamente podían ser para torturar hasta la muerte. No supo cómo esa palabra llegó hasta ella, pero de solo pensar en su significado quiso no tener que salir nunca de allí.

A veces se imaginaba transformándose en un ave llena de colores radiantes y volando lejos del horror que la rodeaba, ese era su más grande sueño. Pero el miedo nunca la dejaba moverse demasiado lejos. El mundo desconocido que la esperaba afuera le daba el suficiente terror para nunca dejar su sitio en esa matanza.

Poco a poco, todos y cada uno fueron desapareciendo, dejándola sola entre sus gritos de horror y luego ese espantoso silencio que le dejaba bastante claro que todo había terminado para ellos. Sabía que pronto llegaría el momento y cuando por fin todos se fueron, sabía que su final no estaba lejos.

Nada ni nadie nunca te prepara saber cómo reaccionar cuando llega el momento en el que sabes que vas a morir, pero el horror que sentió cuando el seleccionador llegaba hasta ella y la agarraba frío y sin titubear como cuando un búho caza a su presa, la dejó tan helada que no pudo siquiera gritar o moverme para defenderse e intentar escapar – Seguramente a todos les pasó así ¿No? -Pensó para consolarsee ante tal acto de cobardía.

Cuando miró al seleccionador, lo que requirió todo el coraje que habitaba en ella, se dio cuenta que no era para nada como lo había imaginado en sus recurrentes pesadillas, como un monstruo de esos que atormenta de noche hasta a los más valientes hasta llevarlos a la locura. No. De hecho, la bondad que vio en esos ojos azules como se imaginaba que era el cielo fuera de su mundo, la cautivaron de tal manera que incluso dejó de temer por un momento a pesar de la hecatombe que la rodeaba. Cuando la miró directamente, la invadió una calidez como ninguna otra, ni siquiera se asimilaba a la que sentía cuando podía ver los colores al entrar la luz a su mundo de oscuridad. No era como nada que conocía. ¿Qué era? - Alguien con esa mirada no podía ser el causante de tantas muertes ¿O sí?- pensó. Pero cuando de repente la soltó y me puso en la mesa frente a él, supo que todo lo maravilloso había terminado. Recordó los gritos y el horror y de repente el pánico la invadió de tal manera que cuando volvió a tomarla por una de las esquinas lo cortó. Quería defenderse y luchar, pero él era tan grande y tan fuerte que sus vagos intentos incluso lo hicieron sonreír. –Deja de moverte- Dijo el seleccionador mientras se reía dulcemente y se ponía de pié para cerrar una pequeña ventana encima de la mesa. Ella sucumbió ante el terror. Estaba en manos de un psicópata y no había nadie a quién pedirle ayuda.

Sin darle tiempo siquiera de respirar, tomó su pequeño cuerpo y comenzó a doblarlo. A doblarlo tan rápida y ágilmente que no fue sino después de unos segundos que comenzó a gritar por el dolor. - ¡Para! ¡Detente! – Gritaba pero él no la escuchaba, no podía hacerlo. El dolor se hacía cada vez más intenso con cada doblez y al final, ella perdió la esperanza. Iba a morir, y al parecer el suplicio no iba a terminar rápido.

No supo si pasaron diez minutos o tal vez treinta vidas enteras, solo supo que cuando terminó, ya no quedaba nada de ella.

Para su sorpresa, seguía viva – Al menos – dijo en su fuero interno. E increíblemente no le dolía nada, pero el miedo no la abandonaba. Se sentía extraña, como en otro cuerpo. El seleccionador la tomó en sus manos con una delicadeza impropia de un torturador y la posó frente al espejo que había sobre la mesa. –Eres perfecta- susurró, mientas sonreía.

Si hubiera tenido lágrimas seguro las hubiera derramado. Ella era asombrosa, como nunca lo hubiese imaginado, no tenía la experiencia necesaria para eso. Su cuerpo era anguloso y de un plateado que cuando era alcanzado por la luz de la ventana, disparaba un millón de colores que hacían sonreír los ojos azules de quién la sostenía tan amablemente. –Los mismos colores que me mantuvieron cuerda y con vida-  Pensó feliz. Tenía alas largas que se movían con el viento. Era un ave. Un pájaro como el que tanto había imaginado que sería cuando soñaba escapándose del horror que le esperaba. Pero ahora era real, era ella, estaba viva. Más viva que nunca.

El seleccionador la puso con cuidado en el bolsillo de su camiseta y subió con ella por unas escaleras de madera que llevaban a un segundo piso.

¿Se han topado alguna vez con algo tan maravilloso que no tienen palabras para describirlo? Algo así tuvo en frente la pequeña avecilla. Era un universo tan grande y majestuoso que no alcanzaba a ver dónde comenzaba ni terminaba. Estaba lleno de pequeños pájaros como ella, cubiertos por millones de colores del cielo que los rodeaba. Unos eran negros, otros blancos, otros dorados. Los reconocía a todos ellos. Eran aquellos planos trozos de papel que alguna vez habían sido sus vecinos y de quiénes había escuchado los gritos de horror. Todos ellos ahora se alzaban en una caótica y perfecta danza de aves que volaban hasta el amanecer por todo el universo que el seleccionador había creado para ellos. Las personas afuera de la mágica escena se maravillaban y los miraban con ojos soñadores mientras se imaginaban ser alguna vez esos pajaritos surcando el infinito. ¿Cómo es que algo tan perfecto la había aterrorizado tanto?

-Ahora lo entiendes ¿No, pequeña? El cambio es doloroso, pero es necesario. Solo así es que alcanzas la grandeza de quién estás destinado a ser- Dijo el seleccionador mientras la ponía frente a frente con el universo –Te lo dice alguien que todos los días toma pequeños pedazos de papel roto y los transforma en magia.-

Una brisa entró por la ventana y azotó las alas de los miles de pájaros que estaban allí con el universo a cuestas, haciendo que aletearan surcando el firmamento. Las personas de afuera comenzaron a reír y a gritar emocionados por el espectáculo. Su  creador de ojos azules como el cielo que ahora nos protegía, sonrío complacido mientras hacía una reverencia al público y con tono alegre les decía – Mi obra al fin está terminada.

¿No les recuerda esto un poco a la vida misma? ¿La forma en que nos obliga a doblegarnos para llegar a la grandeza a la que estamos destinados? El dolor es solo un simple compromiso, no le teman, enfréntenlo y recuérdenlo.


Fin.


3 comentarios:

  1. Realmente se siente el contraste de desesperación y euforia. Sentí muy propio el final. Felicitaciones señorita. (Y) (Y)

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  2. Este párrafo tiene muchos errores:

    "Nada ni nadie nunca te prepara saber cómo reaccionar cuando llega el momento en el que sabes que vas a morir, pero el horror que sentió cuando el seleccionador llegaba hasta ella y la agarraba frío y sin titubear como cuando un búho caza a su presa, la dejó tan helada que no pudo siquiera gritar o moverme para defenderse e intentar escapar – Seguramente a todos les pasó así ¿No? -Pensó para consolarsee ante tal acto de cobardía."

    Y hay algo extraño en que una hoja de papel sepa que son los pájaros, "el statu quo", el cielo y otras cosas que nunca ha visto. Lo mismo si es un pájaro.

    Es un poco confuso.

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